
Una alternativa para empresas en fase de expansión
El growth equity o capital de crecimiento se sitúa entre el venture capital y el private equity tradicional y está dirigido principalmente a compañías que ya han superado sus primeras etapas de desarrollo, cuentan con un modelo de negocio probado y buscan capital para acelerar su crecimiento.
En una reciente entrevista, Alex Wendt, Deal Advisory Partner de Baker Tilly, analiza las características de este tipo de inversión y el papel que puede desempeñar en el desarrollo de empresas con potencial de expansión.
A diferencia de otras fórmulas de inversión, el growth equity suele atraer a inversores e inversoras profesionales que buscan compañías consolidadas, con ingresos recurrentes y perspectivas de crecimiento. Entre ellos se encuentran fondos especializados, vehículos de private capital y family offices.
Su participación no se limita necesariamente a la aportación de capital. El grado de implicación depende de cada operación, pero habitualmente estos inversores e inversoras acompañan a la compañía en su profesionalización y crecimiento, manteniendo al equipo gestor al frente del negocio cuando continúa aportando valor.
Capital para crecer sin renunciar al control
Para muchas pymes, alcanzar una nueva etapa de crecimiento implica afrontar decisiones importantes sobre cómo financiarla. Frente a alternativas como recurrir a deuda o vender la compañía, el growth equity permite incorporar un socio o socia financiero/a que aporte los recursos necesarios para seguir avanzando sin que ello implique necesariamente ceder el control.
Este capital puede destinarse a diferentes objetivos, como acelerar la expansión, incorporar talento, invertir en tecnología, abordar procesos de M&A o desarrollar nuevas oportunidades de negocio.
Además, al tratarse de una inversión en capital, no existe un tipo de interés fijo como ocurre con la deuda. La creación de valor para el inversor está vinculada a la evolución y al crecimiento de la propia compañía.
¿Cómo se valora una empresa en crecimiento?
La valoración es uno de los principales retos en este tipo de operaciones, especialmente cuando una compañía está realizando importantes inversiones para crecer y sus resultados actuales todavía no reflejan todo su potencial.
Por este motivo, la valoración suele apoyarse en diferentes metodologías. El múltiplo sobre EBITDA continúa siendo una referencia habitual, mientras que en modelos con ingresos recurrentes o por suscripción también pueden utilizarse múltiplos sobre ingresos.
A estas metodologías se suman el descuento de flujos de caja (DCF), que incorpora las perspectivas futuras de crecimiento, y el análisis de transacciones comparables, que permite contrastar la valoración con operaciones similares realizadas en el mercado.
En la práctica, estas herramientas suelen analizarse de manera conjunta para obtener una visión más completa del valor de la compañía.
Más allá de la aportación de capital
Uno de los elementos diferenciales del growth equity es que la participación de un socio/a financiero/a puede aportar capacidades adicionales a la empresa.
Entre ellas se encuentra una mayor disciplina de gestión y reporting, mediante la definición de KPIs, presupuestos, herramientas de seguimiento y mejoras en el gobierno corporativo. También puede facilitar el acceso a redes de contactos, talento directivo, partners, oportunidades comerciales, internacionalización y nuevas fuentes de financiación.
A ello se suma la experiencia de estos fondos en el desarrollo de negocio. Su participación puede contribuir a definir planes estratégicos, trabajar aspectos como el pricing o el go-to-market y acompañar procesos de M&A, desde la identificación y ejecución de adquisiciones hasta la preparación de futuras rondas de financiación.
El growth equity ante un mercado más selectivo
El contexto económico también influye en este segmento. Las diferencias entre las expectativas de valoración de compradores y vendedores pueden dificultar determinadas operaciones de salida, aunque el growth equity cuenta con distintas alternativas.
La creación de valor suele estar especialmente vinculada al crecimiento y la expansión de la compañía, y las vías de salida pueden incluir nuevas rondas de inversión, recompras parciales o, cuando la empresa alcanza suficiente escala, el acceso a los mercados de capitales.
En un mercado más selectivo, la preparación cobra todavía mayor importancia. Contar con información sólida, una estrategia clara y una ejecución adecuada puede resultar determinante tanto durante la etapa de crecimiento como a la hora de afrontar una futura operación.