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La estafa del “falso asesor” o “Boiler Room” en las inversiones en criptomonedas

Baker Tilly 18 marzo, 2022

En pleno boom de criptomonedas y NFT, de proliferación de plataformas de Exchange y de internacionalización de las empresas prestadoras de servicios de inversión, cualquiera puede convertirse en inversor y acceder a toda clase de mercados con la única ayuda de un dispositivo móvil y sin necesidad de disponer de importantes sumas de dinero.

Este contexto ha abierto un nuevo y tentador campo para los estafadores, quienes encuentran en los pequeños inversores noveles posibles víctimas. Nos referimos a la estafa conocida como “el falso asesor” o “boiler room”.

Los autores de estos delitos suelen contactar con su víctima por medios digitales como webs, blogs, aplicaciones, etc. Se presentan como empresas especializadas en el asesoramiento financiero en toda clase de productos financieros que van desde opciones y futuros a criptomonedas.

Le indican a su víctima que ha de pasar un proceso de KYC (Know your Client) y le solicitan sus datos personales. Suelen disponer de una página web elaborada en la que la víctima se crea su cuenta de usuario e incluso llegan a ver las cotizaciones en directo de distintos valores. Así, creyendo que la página es real y pensando que está depositando el dinero en la plataforma para poder operar en el mercado de valores, empieza a movilizar los fondos hacia la misma.

Una de las prácticas habituales en este tipo de estafas es que los falsos asesores inducen a la víctima para que convierta su dinero de curso legal (euros, dólares, etc.) a criptomonedas como Bitcoins o Ethereum empleando algún Exchange (plataformas de compra y venta de criptomonedas) como Binance o Coinbase. Una vez hecha la conversión le facilitan una dirección de monedero electrónico (wallets) de la supuesta plataforma para que la víctima los transfiera, bajo el engaño de que la inversión se llevará a cabo desde ese wallet de la plataforma.

Es frecuente que los “falsos asesores” convenzan a la víctima para que les permitan controlar remotamente su ordenador empleando aplicaciones como Any Desk, y aprovechan ese momento para apoderarse de sus contraseñas y otros datos, así como, en ocasiones, para instalar algún software malicioso en el ordenador o dispositivo electrónico de la víctima.

De esta forma, la víctima cree que está depositando el dinero en la plataforma de inversión, cuando en realidad, las criptomonedas llegan al wallet controlado por el estafador, se fraccionan en pequeñas porciones y se reparten en cientos de wallets de forma sucesiva para dificultar su rastro. Se trata, en definitiva, de un proceso de ocultación de las criptomonedas para dificultar su localización y recuperación.

Pero la víctima en un primer momento desconoce totalmente que sus criptomonedas ya se encuentran fuera de la esfera de su disposición, y ello, porque en la plataforma creada por los “falsos asesores” sigue apareciendo el saldo de los fondos depositados. Además, durante la primera etapa de esta estafa, la víctima puede ir viendo las compras y ventas de valores realizadas por los supuestos asesores y cómo su ganancia se incrementa de forma asombrosa. Es entonces cuando los “falsos asesores” recomiendan invertir más dinero ya que “el mercado está en condiciones óptimas”. En algún caso, la víctima, creyendo que ha descubierto la gallina de los huevos de oro invierte gran parte o todos sus ahorros e incluso invita a personas de su entorno para que inviertan con él.

En la segunda fase de esta estafa, se intenta someter a la víctima a una situación de ansiedad para inducirla a ingresar más cantidades. En ocasiones los “falsos asesores” le indicarán que se ha desplomado su inversión y que tiene que realizar nuevos depósitos. En otras, cuando intenta retirar parte del dinero, le argumentarán que ha de regularizar su situación tributaria pagando determinadas cantidades de dinero so riesgo de graves sanciones. A veces, incluso, le indicarán que se le ha prestado dinero para cubrir descubiertos, por lo que debe saldar la deuda antes de poder retirar cualquier importe. Esta situación de angustia puede conducir a las víctimas a pedir dinero prestado a familiares o entidades bancarias, pues lo hacen con la firme creencia de que van a recuperar un importe mucho mayor.

Es frecuente que, cuando la víctima se percata del engaño sufrido, aparezca una tercera empresa o agrupación, en apariencia ajena al “falso asesor”, que se hace pasar por una suerte de entidad reguladora o de fiscalización, encargada de velar por la seguridad en el mercado internacional y ofrezca sus servicios al estafado para recuperar su dinero. Eso sí, antes le pedirá el pago de una contraprestación económica por sus servicios. Ni que decir tiene que una vez realizado el pago la entidad desaparece sin prestar servicio alguno.

Es frecuente que los estafadores empleen nombres de entidades u organizaciones que existen en la realidad, así que, cuando una posible víctima los busca en los registros oficiales de la CNMV los encuentra como entidades prestadoras de servicio de inversión inscritas. Además, no dudan en facilitar a su víctima documentación falsificada consolidando su apariencia de autenticidad.

A efectos preventivos, debe extremarse la cautela e investigar la plataforma de inversión y la página web que la aloja. Elementos tales como la fecha de creación de la web, si esta aparece en buscadores genéricos, o incluso la información publicada sobre la entidad que ha registrado el dominio son indicios útiles para valorar si se trata o no de una estafa. También puede ser útil fijarse en qué sociedad aparece como responsable en las políticas de privacidad o condiciones generales de los datos.

Además, debe tenerse en cuenta que toda empresa que preste servicios de inversión, como la administración y custodia de instrumentos financieros, cambios de divisa, el asesoramiento o gestión discrecional de carteras, debe estar registrada ante la CNMV y someter a sus clientes a los denominados test de idoneidad o conveniencia (según el servicio prestado) y ello desde la entrada en vigor de la normativa MIFID. Estas sociedades están sujetas a estrictos controles que, en definitiva, pretenden evitar que los inversores inexpertos lleven a cabo operativas con productos financieros cuya naturaleza y riesgos no comprenden.

Una vez ha tenido lugar la estafa, o en caso de que se dude de estar o no ante una, es recomendable consultarlo con profesionales y dejar de seguir “invirtiendo” de manera inmediata. Se aconseja guardar toda la información de que se disponga y cualquier dato que sirva para identificar a los responsables, así como modificar todas las contraseñas, asegurarse de que no hay ningún programa malicioso en nuestros dispositivos y denunciar los hechos ante las autoridades.

Desde Baker Tilly podemos prestar el asesoramiento que requiera cualquier persona o empresa que haya sido víctima de este tipo de engaños ofreciéndote una respuesta integral y coordinada de las diferentes áreas jurídicas y tecnológicas de la firma.

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