
DORA, NIS2 y RGPD: hoja de ruta estratégica de ciberseguridad para la empresa digital
Cómo reforzar la resiliencia operativa ante ciberataques y riesgos digitales
La ciberseguridad ya no es una cuestión técnica, sino una responsabilidad del consejo de administración. DORA, NIS2 y RGPD marcan la hoja de ruta para integrar gobernanza, control de riesgos y supervisión de terceros como pilares de la empresa digital segura.
La transformación digital ha multiplicado las oportunidades de negocio, pero también ha elevado exponencialmente la exposición a riesgos tecnológicos. Ciberataques, brechas de datos o fallos operativos no son escenarios hipotéticos. Son realidades que pueden comprometer la continuidad, la reputación y la viabilidad económica de cualquier organización.
En este contexto, el Reglamento DORA, la Directiva NIS2 y el RGPD, junto con el Esquema Nacional de Seguridad y estándares como ISO 27001 o el NIST CSF, deben abordarse desde una perspectiva estratégica, entendiéndolos como instrumentos esenciales para fortalecer la resiliencia digital de las organizaciones, más allá de su carácter obligatorio.
DORA, de aplicación obligatoria desde enero de 2025, marca un antes y un después en el sector financiero europeo al exigir una gestión integral de la resiliencia operativa digital. Sin embargo, sus pilares —gobernanza, gestión de riesgos TIC, gestión de incidentes, pruebas de resiliencia y control de proveedores tecnológicos— ofrecen un modelo perfectamente extrapolable a pymes y grandes compañías de cualquier sector.
Uno de los grandes mensajes de estas normas es claro: la ciberseguridad empieza en el consejo de administración. La alta dirección debe asumir un papel activo en la supervisión de los riesgos tecnológicos, aprobar políticas claras y garantizar una estructura organizativa con responsabilidades definidas, donde figuras como la persona responsable de la seguridad de la información (CISO) o la persona Delegada de Protección de Datos adquieren un rol central.
Además, todas estas normas convergen en una misma lógica, centrada en la identificación de los activos críticos, el análisis sistemático de los riesgos, la implantación de controles proporcionales y el mantenimiento de inventarios permanentemente actualizados. El objetivo no se limita a la protección de los sistemas, sino que incluye también la garantía de la continuidad del negocio.
La gestión de incidentes es otro eje esencial. La obligación de detectar, clasificar y notificar brechas —especialmente en materia de datos personales— exige procesos claros, tiempos de respuesta definidos y una cultura interna de reporte.
Asimismo, resulta especialmente relevante el control de la cadena de suministro. Los proveedores tecnológicos, los servicios en la nube y las entidades encargadas del tratamiento pueden convertirse en el eslabón más vulnerable si no se articulan cláusulas contractuales específicas, auditorías periódicas y mecanismos de supervisión continua.
Finalmente, ningún modelo será eficaz sin formación y concienciación. La ciberhigiene del personal de la organización y la capacitación periódica de la dirección representan una de las líneas de defensa más sólidas frente a amenazas cada vez más sofisticadas.
En definitiva, el cumplimiento normativo en ciberseguridades una oportunidad para fortalecer la organización. Al combinar gobernanza, gestión de riesgos, pruebas, supervisión de terceros y formación, las empresas logran construir resiliencia y mejorar su competitividad en un entorno digital cada vez más desafiante.