
Por qué anticiparse sigue siendo clave aunque la ley no obligue
Cada vez más bancos, clientes/as y licitaciones piden un plan de reducción de emisiones, lo exija o no la ley. Te contamos qué es, qué ha cambiado en la normativa y cómo dar los primeros pasos.
¿Qué es un plan de reducción de emisiones?
Un plan de reducción de emisiones consiste, en esencia, en tres pasos: calcular tu huella de carbono, fijar un objetivo de reducción a varios años vista y definir las medidas y el seguimiento necesarios para alcanzarlo. Para calcular la huella se distinguen tres alcances: el Alcance 1 son las emisiones directas (tu caldera, tus vehículos), el Alcance 2 las asociadas a la electricidad que consumes, y el Alcance 3 las que genera el resto de tu cadena de valor (empresas proveedoras, transporte contratado, viajes de empleados y empleadas), que suelen ser las más voluminosas y las más difíciles de calcular.
El contexto regulatorio: menos presión legal, pero no menos necesidad
La Unión Europea ha pisado el freno en varios frentes. La directiva CSRD, que obliga a reportar información de sostenibilidad, ahora solo afecta a empresas de más de 1.000 personas empleadas y 450 millones de euros de facturación, muy lejos de lo que suponía inicialmente. El CBAM, el mecanismo que grava las importaciones de productos intensivos en carbono, avanza más despacio de lo previsto. Y el nuevo mercado de emisiones para transporte y calefacción (ETS2) se retrasa a 2028.
Sin embargo, ninguno de estos marcos ha desaparecido: solo se ha ampliado el calendario y se ha reducido el número de empresas obligadas. Los objetivos de reducción de la UE (un 55% de reducción de emisiones de GEI para 2030 y un 90% para 2040, respecto a los niveles de 1990) siguen en pie, y para 2027 se espera la entrada en vigor efectiva de normativas como la EUDR.
Por qué conviene tener un plan, aunque la ley no te obligue
En primer lugar, el acceso a la financiación: cada vez más bancos aplican criterios ESG a la hora de conceder crédito o fijar el tipo de interés, y disponer de un plan y de datos de huella de carbono mejora las condiciones.
A continuación, las licitaciones y la cadena de suministro: muchas grandes empresas ya piden a sus empresas proveedoras datos de huella de carbono como requisito de entrada, no como un extra.
Finalmente, la anticipación: quien empieza ahora construye el dato histórico y el equipo interno que necesitará cuando la normativa vuelva a endurecerse, en lugar de empezar de cero bajo presión. La presión, en definitiva, ya no depende únicamente de la ley vigente en cada momento, sino de las exigencias del mercado, que no dan señales de relajarse.
Cómo dar los primeros pasos
No hace falta un plan perfecto desde el primer día. El punto de partida es siempre un diagnóstico de emisiones: calcular la huella de carbono actual, al menos de los Alcances 1 y 2, y de los principales focos del Alcance 3. A partir de ahí, se fija un objetivo de reducción razonable a 3 a 5 años vista y se definen las medidas de descarbonización concretas (cambio de proveedor energético, electrificación de la flota, optimización logística) junto con un seguimiento anual que permita ajustar lo que no funcione y documentar los avances. Porque lo que no se mide no se puede defender ante un banco, un cliente/a o una persona auditora.
En Baker Tilly acompañamos a empresas industriales, de servicios y culturales en todo el proceso: desde el cálculo de la huella de carbono y la definición de objetivos, hasta el diseño de las medidas y su seguimiento año a año. Tanto si ya tienes un plan en marcha como si empiezas desde cero, nuestro equipo simplifica el camino para que conviertas los datos en acción climática real.